Científicos de Estados Unidos presentaron una hipótesis inesperada sobre el cerebro
Se cree que a lo largo de los años, el cerebro sólo pierde sus habilidades: los recuerdos se desvanecen y los detalles se borran

Se cree que a lo largo de los años, el cerebro sólo pierde sus habilidades: los recuerdos se desvanecen y los detalles se borran. Investigadores de la Universidad de Arizona presentaron una hipótesis diferente.
Según su concepto de envejecimiento adaptativo, cuando el cerebro alcanza los cincuenta años, repensa sus objetivos: se centra menos en almacenar con precisión los detalles y más en comprender la esencia general de las experiencias de vida acumuladas. Este cambio no es un fracaso, sino un hito natural en el desarrollo.
En las ballenas asesinas se manifiesta claramente el significado biológico de los viejos individuos. Después de que las hembras dejen de reproducirse, continúan viviendo durante muchos años más. Estudiando grupos de ballenas asesinas en las aguas frente a la costa de América y Canadá revelaron que el rebaño suele estar dirigido por mujeres experimentadas, especialmente cuando las poblaciones de salmón están agotadas: saben exactamente dónde encontrar comida.
Los autores presentaron su teoría en las Perspectivas periódicas de la Ciencia Psicológica, utilizando los resultados de los estudios neuroimaginosos y biológicos moleculares. La trama gira alrededor del equilibrio entre los dos mecanismos. El hipocampo es responsable de grabar eventos detallados, preservando todos los matices y condiciones. Pero la corteza prefrontal funciona de manera diferente: extrae una idea clave, encuentra conexiones y comprende la esencia principal de los fenómenos.
Fabian-Jose Fernandez, coautor del estudio, explica: Los niños aprenden como una esponja, ya que forman su propio archivo. Todavía carecen de experiencia de vida, y no tienen idea de cómo funciona el medio ambiente. Para el momento de crecer, esta colección se acumula, y se vuelve más eficaz no recordar cada caso en todos los detalles, sino incluirlo en la estructura ya establecida del conocimiento. Como resultado, en el período de cincuenta a setenta años, el foco se transfiere del hipocampo a la corteza frontal.
Se observa una tendencia similar entre los animales. Fernández cree que esto se debe a razones evolutivas. El centenario se convierte en custodio del conocimiento, para quien la prioridad es preservar lo acumulado y pasarlo a las generaciones futuras, en lugar de recordar pequeños detalles. De ahí viene el poder de los viejos como mentores, maestros y narradores.



